Lunes sin plataformas de streaming
Apagué las pantallas a la hora habitual de la serie y saqué un DVD de la biblioteca del barrio, casi olvidado. La experiencia lenta, con menú anticuado y sin recomendaciones infinitas, se volvió curiosamente íntima. Conversamos más, terminamos un rompecabezas y me acosté antes, sin esa ansiedad de “solo otro capítulo” que roba sueño y energía.